10 dic 2008

El mapamundi. Cartografía de la vuelta al mundo

CARTOGRAFÍA DE LA VUELTA AL MUNDO

La conquista del Pacífico

1544, Mapamundi portulano de de Battista Agnese incluyendo el trazado de la trayectoria que siguió la expedición de Magallanes en su viaje de circunnavegación de la tierra. Este cartógrafo genovés parece ser el único que dio crédito a los pilotos y marineros que afirmaban una larga distancia entre el nuevo mundo y el lejano oriente y un perímetro de la tierra mucho mayor de lo que se suponía.
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La cartografía de la segunda mitad del siglo XVI estuvo ligada a los viajes de exploración transoceánicos, al conocimiento de nuevas tierras y a la necesidad de armar y componer una visión cosmográfica real de todo el planeta y su imponente variedad a medida que todo ello se iba descubriendo.

A pesar de que Colón nunca llegó a reconocerlo, pronto los exploradores del Nuevo Mundo aceptaron que lo descubierto no eran las Indias orientales sino un nuevo continente que habría que explorar y descubrir, pero que de momento se interponía incómodamente entre Europa y Asia, que era el verdadero paraíso buscado. En la carrera por la ansiada conquista de oriente, Castilla llevaba desventaja. Los portugueses habían circunnavegado África y entre 1498 y 1515, habían establecido factorías y rutas comerciales en India y China, y además habían llegado a las Islas Molucas, las Islas de las Especias, desde donde se importaban las especias más valiosas: la nuez moscada, la macis y el clavo.

 

1529. Diego Ribero. Es una lámina muy original que delimita las zonas de influencia portuguesa y la española suponiendo que la separación es el antemeridiano de Tordesillas. Según este mapa, las apetecidas islas Molucas –Islas de las Especias- quedaban en territorio español. En la parte portuguesa (la de la izquierda) junto al barco hay una leyenda que pone “vengo de maluco”, en la parte hispana, en cambio, bajo el barco puede leerse “Voy a maluco”.
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Esto ocasionaba un nuevo e importante problema diplomático entre España y Portugal, pues se daba por hecho que las islas Molucas estaban al oeste del antemeridiano de Tordesillas, por tanto en territorio de influencia hispana, sin embargo los navegantes españoles no podían llegar a ellas pues, según los tratados de Alcaçovas primero y el de Tordesillas después, la ruta africana estaba vedada a los españoles. Las expediciones castellanas tenían que navegar hacia occidente, y el nuevo mundo, cuyas dimensiones e importancia aún se desconocían, se interponía en el camino. Solo podían acceder al pacífico, al que entonces llamaban Mar del Sur, desde el nuevo continente.

Necesitaban encontrar un paso navegable que les permitiera sortear América y acceder a Asia y a las riquezas de oriente. Recordemos, además, que todas las referencias conocidas indicaban un tamaño de la tierra mucho menor al que realmente era. Por tanto el océano pacífico sería presumiblemente muy estrecho y el destino ansiado debía de estar muy cerca. Con esta idea se lanzaron los exploradores a buscar el paso que les conduciría a oriente.


1565. Copia de Paolo Forlani sobre un mapa realizado en 1546 por el cosmógrafo Giacomo Gastaldi. Muchos nombres de diversas localizaciones americanas, por ejemplo, California, aparecen en este mapa por primera vez. Era frecuente en este tipo de mapas con sucesivas reimpresiones a partir de una plancha original, añadir en las distintas reproducciones los elementos decorativos. Esta es una copia ricamente iluminada en la que se han reflejado diferentes tipos de embarcaciones, monstruos marinos y animales fabulosos poblando las partes menos conocidas del orbe y de los mares. Cartográficamente, su aspecto más destacable es, junto a la representación de un gran continente austral aún desconocido, la decidida seguridad con la que prolonga por el noroeste el continente americano para unirlo con las Indias Orientales.
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En Septiembre de 1519 una expedición comandada por Magallanes y compuesta por cinco naves y 250 hombres, inició la empresa de encontrar la ruta que permitiera sortear América y llegar al Mar del Sur y a las Islas de las Especias. Fue largo encontrar el paso y peligroso atravesarlo, transcurrió más de un año antes de que el 27 de noviembre de 1520 consiguieran doblar al fin el extremo sur del continente americano y llegar al océano que llamaron Pacífico. La ruta resultó manifiestamente inútil. Demasiado al sur para resultar rentable y demasiado difícil remontar el océano para llegar a las islas asiáticas apetecidas a pesar de contar con la ayuda de los vientos alisios y de la corriente de Humbolt. En el año 1525 una segunda expedición tardó cuatro meses y medio en cruzar el paso entre el Atlántico y el Pacífico, a partir de entonces se recomendó abandonar la ruta que era demasiado larga, demasiado lenta y además no permitía la navegación en sentido opuesto.

Cinco siglos después, la circunnavegación de la tierra es aún una empresa complicada.

 


1565, Copia de Giovanni Battista Ramusio sobre un mapa de Giacomo Gastaldi realizado en 1556
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Los conocimientos heredados de Ptolomeo establecían que el círculo máximo de la tierra era de 29.000 kilómetros, 11.000 por debajo de la medida real. Todos aquellos kilómetros insospechados estaban en el océano pacífico, cuya anchura máxima es de unos 17.700 km. A ellos tuvo que enfrentarse la expedición de Magallanes y aunque aquel dramático viaje, y también los posteriores, pusieron de manifiesto que el continente americano era vastísimo y que el océano Pacífico era un mar inmenso y desafiante, la mayoría de los cosmógrafos y los cartógrafos, convencidos de que los pilotos y marineros que explicaban tanta enormidad eran ignorantes y carecían de rigor científico, siguieron pensando durante años que las medidas eran mucho menores a las reales, de tal manera que apenas hay mapas anteriores al siglo XVII que reflejen la verdadera dimensión de las zonas del mundo que se iban descubriendo.

 


1598, Lámina del atlas de Abraham Ortelius correspondiente a los Mares del Sur
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El viaje de Magallanes no resolvió el problema de encontrar una ruta practicable desde Europa hasta Asia viajando hacia el oeste, así que la exploración del Pacífico por parte de los españoles, hubo de realizarse en adelante desde los puertos de Nueva España y de Perú. Esto no resultó difícil. En 1527, una expedición comandada por Álvaro de Saavedra, aprovechando los vientos alisios del noroeste, llegó en pocas semanas desde México hasta las Filipinas. El problema era el regreso, todo intento de regresar a los puertos de partida terminaban fracasando y todo parecía demostrar que el nuevo gran océano solo era practicable en una dirección. 


 

1570. Fragmento del atlas de Ortelius en el que se dibuja la costa de California justo enfrente y a una distancia irrisoria de Japón.
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El hallazgo de una ruta de regreso a Nueva España efectiva y segura, no se produjo hasta la década de los sesenta, y corrió a cargo del experto navegante Andrés de Urdaneta. Para conseguirlo, zarpó desde las Filipinas en Junio de 1565, impulsado por el monzón del verano, y viajó rápidamente hacia el norte hasta encontrar primero la corriente del Japón y después, más arriba, la corriente del pacífico norte, que vira hacia el este y regresa al continente americano. El viaje de Urdaneta, fue larguísimo; se recorrieron cerca de 18.000 kilómetros e invirtieron en recorrerlos algo más de cuatro meses, pero estableció una ruta viable y, a pesar de que algunos cartógrafos siguieron empeñados en acercar más de lo justificable ambos continentes, dejó prácticamente zanjado el tema de la enorme extensión del océano Pacífico por encima del ecuador.

-Más al Sur-

A La conquista del Pacífico le faltaba aún un importante paso: viajar hacia el sur para encontrar el enorme continente austral desconocido y todos los misterios y prodigios que presumiblemente contenía. En 1567 el gobernador de Perú dio orden a Alvaro de Mendaña, su sobrino, de que descubriese la parte incógnita y encontrase los tesoros improbables que allí existieran. Zarpó la expedición del puerto del Callao navegando hacia el sur por un océano del que no existían cartas de marinar ni demasiados conocimientos de rutas y navegación. Los portugueses ya habían descubierto Nueva Guinea y se hablaba de islas tan ricas en oro que en ellas estaban las verdaderas minas del rey Salomón. Pasaba el tiempo y escaseaban el agua y los alimentos; cuando ya parecía que la misión iba a fracasar, llegaron al archipiélago situado al sur de Nueva Guinea. La cosa no resultó, no había minas de oro ni recursos extraordinarios y además los indígenas resultaron violentos y belicosos. Incluso se dio por hecho que eran caníbales. Además, no iba la expedición dotada de instrumentos fiables para fijar la latitud y la longitud, de tal manera que abandonaron las islas y en los siguientes veinticinco años no volvieron a encontrarlas. A pesar de ello les dieron el nombre de islas Salomón y quedó la conciencia general de que albergaban grandes tesoros.

 


1593, Cornelius de Jode, Lámina del este de Australia, Nueva Guinea y las Islas Salomón. Esta lámina manifiesta que al fin se había aceptado la inmensidad del océano y por primera vez se representa esta parte del mundo en una lámina independiente, separada de las Islas asiáticas.
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A principio del siglo XVII, la expedición capitaneada por Pedro Fernández de Quirós, visto que las Islas Salomón se mostraron manifiestamente esquivas, decidió viajar más al sur con el objetivo de encontrar la Terra Australis, un gran continente de cuya existencia no se dudaba, pues resultaba imprescindible para equilibrar las masas continentales de ambos hemisferios. NO encontraron el enorme continente austral, pero en 1606 llegaron a una isla mucho más grande que cualquiera de las descubiertas hasta el momento, a la que llamaron Australia.
No es sin embargo descartable que los portugueses hubieran llegado a las costas australianas antes de esta fecha. En una nota manuscrita al pie de la siguiente lámina del Atlas Vallard, de 1547, aparece escrito “Primer mapa de Australia procedente del Atlas de Nicholas Vallard”.

Claro que ahí no pone cuándo ni quién escribió esa nota.

 

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