Cosmografías y Atlas de los siglos XVI y XVII
El texto literal en el encabezamiento y pie de este mapa, dice así:
~Carta universal en que se contiene todo lo que del mundo se ha descubierto hasta ahora,hízola Diego Ribero, cosmographo de su majestad:Año 1529. Sevilla
La cual se divide en dos partes conformea la capitulación que hicieron los católicos Reyes de España y el Rey don Juan de Portugal en Tordesillas; año de 1494~
(A quien pueda interesar: Este capítulo está todavía sin terminar. La temática que pretendía trabajar en él es mucho más extensa de lo que calculé cuando lo empecé, y mientras voy desarrollándola encuentro cada vez más ocasiones de modificar lo escrito, dispersarme y no avanzar. Sé que si no lanzo una avanzadilla acabará en el baúl de capítulos inacabados, que está ya demasiado lleno. He aderezado un poco las notas ya trabajadas a fin de subirlas a la web tal cual están en este momento, y, tranquilamente, iré completándolo sobre la marcha. Mientras tanto, pido disculpas por los gazapos e incoherencias que a buen seguro andarán perdidos por ahí. )
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Simultáneamente a la realización de los mapas de las exploraciones, aparecieron en Europa las “cosmografías” precursoras de los grandes atlas que irían tomando fuerza a partir de la segunda mitad del siglo XVI. Las cosmografías eran libros muy documentados que abarcaban un espectro amplio de conocimientos astronómicos, corográficos, históricos, científicos etc., conteniendo muchas ilustraciones referentes a estos temas y fundamentalmente muchos mapas en los que se investigaban nuevas maneras de proyectar la tierra sobre el plano.
En el siglo XV el término cosmografía se había utilizado en su acepción más básica, como sinónimo de geografía. También fue éste su significado en los primeros años del siglo XVI, pero a medida que éste avanzaba, fue ampliándose el objeto de estudio de esta ciencia que pasó a ocuparse de la descripción del mundo en su totalidad, incluyendo disciplinas de carácter teórico relacionadas con la descripción del cielo y de la tierra, como astronomía, geometría, matemáticas, etc., y otras de carácter empírico más directamente relacionadas con el hombre, como las ciencias de la naturaleza, la geografía y la cartografía.
Los modernos estudios cosmográficos y el hecho de incorporar las matemáticas a la geografía tuvieron el efecto inmediato de mejorar el arte de la navegación, que desde que se iniciaran los viajes transoceánicos estaba muy necesitada de conocimientos teóricos. A partir del siglo XVI, esta nueva metodología basada en criterios científicos tomó las riendas del desarrollo cartográfico.
Las dos primeras imágenes corresponden a la obra de Petrus Apianus titulada 'Cosmographia sive descriptio totus orbis', de 1524, una de las primeras y más populares entre las cosmografías renacentistas. La tercera corresponde al 'Astronomicum Caesareum' del mismo autor, editada en 1540.
El cosmógrafo era astrónomo, geógrafo, naturalista y cartógrafo. Como astrónomo, asumía la observación directa de la esfera celeste estudiando su división y la posición de la tierra en el cielo en relación con el resto de los cuerpos celestes. Cartografiaba el firmamento y trazaba en los mapas la ubicación y movimiento de los cuerpos celestes. La cartografía celeste fue una potente herramienta que permitió a los navegantes conocer en todo momento su situación y orientarse, y a los cartógrafos fijar con fiabilidad la ubicación de cualquier lugar u objeto en la tierra y los océanos.
Lámina de la Cosmographia de Petrus Apianus
Como geógrafo y naturalista, a su disciplina competía conocer toda la tierra en su conjunto y las particularidades de cada una de las zonas delimitadas por los círculos que la dividen, el estudio de los climas, los vientos y la ubicación de los países según la longitud y latitud respecto a los paralelos y meridianos.
También competía a la cosmografía recabar información para realizar una detallada descripción de las regiones de la tierra y su contenido, incluyendo no solo todos los accidentes orográficos sino también la descripción de los países, los núcleos urbanos, las razas, costumbres y formas de vida de las gentes que los habitaban y de los animales y plantas propios de cada región.
Y por fin, como cartógrafo, el cosmógrafo debía llevar al mapa toda la información recabada.
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La primera cosmografía que con este nombre se publicó en el siglo XVI, fue la de Martín Waldseemüller. Este geógrafo publicó en 1507 dos mapamundis anexos a un opúsculo de nueve capítulos al que tituló “Cosmographiae introductio, cum quibusdam geometriae ac astronomiae principiis ad eam rem necessariis”.
Páginas de la ‘Cosmografiae introductio’ de Waldseemüller digitalizadas en la Biblioteca del Congreso Usa.
Aquel trabajo estaba pensado para satisfacer la enorme curiosidad que las exploraciones transoceánicas estaban despertando en Europa, y el creciente interés por todos los conocimientos relacionados con la cosmografía. Su éxito fue inmediato y el opúsculo fue varias veces editado en los meses siguientes a su primera aparición. En la introducción, Waldseemüller explica los principales problemas de la geometría en la medida en que ésta es necesaria para entender la geografía y realiza una descripción minuciosa de la tierra: sus ejes, los círculos que la dividen y las zonas que delimitan, los climas, vientos, océanos, islas y continentes y las distancias entre todos ellos. Varias veces en la obra se refiere el autor a las tierras recién descubiertas en occidente, a las que denomina “Quarta orbis pars”, es decir, cuarto continente, y propone para ellas el nombre del que creía su legítimo descubridor: América, la tierra de Americo Vespucii. Pocos años más tarde, consciente de su error, quiso enmendarlo, pero para entonces el uso de dicho nombre estaba ya generalizado.
Mapa de Waldseemüller diseñado para revestir una esfera y formar un globo terráqueo.
Los dos mapamundis fueron editados el mismo año 1507 adjuntos a la cosmografía, aunque independientes. Uno de estos mapas estaba proyectado para servir de base a un globo terráqueo. Consta de doce usos que dibujan un globo desplegado, sin montar. Es un mapa empírico cuyas referencias son las aportadas por navegantes y cartógrafos que las tomaron in situ. El ecuador está marcado de acuerdo con las anotaciones tomadas en los viajes de Vespucii y de las referidas en cartas náuticas como las de Juan de la Cosa, Bartolomé Colón o Cantino.
Mapa de Waldseemüller completo
El otro fue realizado siguiendo las premisas de la proyección cónica sobre el plano que estableciera Ptolomeo. Recibió el nombre de “Universalis Cosmographiae descriptio in plano”. De este mapa se realizó una única edición y pronto no quedó ningún ejemplar localizado. Aún así no se perdieron las referencias durante los siglos en que estuvo extraviado, pues era bien conocido tanto por las descripciones que el mismo Waldseemüller realizara en su Cosmographiae, como por algunas copias dibujadas por otros cosmógrafos, como el suizo suizo Glareanus en 1510, Peter Apianus en 1522 o Sebastian Munster, que copió los mapas hemisféricos de menor tamaño que Waldseemuller dibujara en la parte superior del mapa.
Waldseemüller. Detalle de los pequeños mapas hemisféricos en la parte superior de la orla. En uno de ellos aparece por primera vez el continente americano dibujado como dos subcontinentes unidos por un istmo y separado del resto del mundo, aunque muy cerca de Japón, pues se suponía que el nuevo mundo estaba casi pegada a Asia.
El mapa estuvo perdido hasta 1900, año en el en que un ejemplar fue encontrado en un castillo en Wolfegg, en Alemania. Actualmente está considerado como un hito en la historia de la cartografía y de las expediciones en ultramar. Consta de doce secciones y está dividido en tres zonas de cuatro secciones cada una. Cada sección mide aproximadamente 45.5 x 62 cm, con una extensión total de algo más de tres metros cuadrados. En él la tierra está representada atendiendo al segundo tipo de proyección ptolemaica, popularizado por Nicolás Germano en la edición de Ulm de 1482.
Waldseemüller. Detalle de las secciones centrales de la zona inferior. Al pie se escribe que el mapa ha sido diseñado según la tradición de Ptolomeo y las notas de Americo Vespucii.
A partir de 1513, Waldseemüller, convencido de que Americo Vespucii no era, como había pensado cuando realizó los mapas de 1507, el verdadero descubridor del nuevo mundo, dejó de utilizar el nombre “América” en sus trabajos cartográficos. No consiguió, sin embargo, eliminar el término que él mismo había inventado y popularizado. El nombre de América estaba bien arraigado, aunque todavía restringido a la parte sur del nuevo continente. Sería Gerhard Mercator el que años más tarde, en 1538, utilizaría en su mapamundi “Americae pars septentrionalis” para nombrar Norteamérica y “Americae pars meridionalis” refiriéndose al continente Suramericano.
Sección inferior izquierda del mapa de Waldseemüller en la que aparece por primera vez en la historia el nombre de América.
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No es difícil imaginar el vasto universo del cosmógrafo y la complejidad de la representación cartográfica a medida que avanzaba la exploración del mundo. Pronto, el principio de prudencia substituyó al apasionado caos heredado de las enciclopedias medievales y la moderna cosmografía se constituyó acumulando y registrando datos de tal manera que permitiera organizar por temas los distintos conocimientos y, además, ampliar la información y reestructurar y reeditar las obras sin perder la coherencia interna en sucesivas ediciones.
La cosmografía renacentista, como todas las ciencias en aquel momento, se caracterizó por su adhesión a los principios y metodología científicos. Pero no debe entenderse por ello que la obra gráfica y descriptiva del Renacimiento fuera fundamentalmente sobria, al contrario, la exuberancia que caracterizaba toda representación de lo natural desde la antigüedad clásica y que, concretamente, había adornado los mapas medievales, se vio incrementada en la misma medida que aumentaron los conocimientos y se amplió el ámbito de estudio de las ciencias de la naturaleza. Si a ello añadimos que también el cosmógrafo, como todos los sabios renacentistas, fue propenso a la representación visual de su cosmos, no nos sorprenderá encontrarnos ante una cartografía llena de elementos gráficos superfluos que significan una fascinante convergencia del arte con la ciencia y de la fantasía con la racionalidad.
1539. Carta Marina de Olaus Magnus, editada en Venecia. Este gran cosmógrafo renacentista sueco, publicó el primer mapa detallado de Escandinavia con tanta exactitud y precisión como la tecnología y los conocimientos de la época permitían. Es un mapa preciosista y muy detallado en el que, además de los aspectos geográficos, se expresan las formas de vida de los pueblos septentrionales, buena parte de sus mitos y un importante elenco de monstruos marinos.
También escribió en 1555 y en latín una interesante compilación cosmográfica de la historia de los pueblos escandinavos, titulada Historia de gentibus septentrionalibus. En ella, siguiendo la inspiración de la historiografía humanista, proporciona un brillante retablo de las tierras y gentes de Suecia en el umbral de una nueva era. Aquella obra, frecuentemente editada y, a partir del siglo XVII, traducida a otros idiomas, fue por mucho tiempo la más completa fuente de información sobre las gentes y formas de vida del norte de Europa.
A resultas de esta nueva mentalidad, muchos mapas de renacimiento funcionaban como auténticas enciclopedias visuales con todo tipo de informaciones añadidas a los hitos geográficos. Cuanta más se conocía del interior de los continentes, más frecuente era dejar constancia de todo ello en los márgenes de los mapas, que se llenaban así de noticias sobre etnografía, botánica, zoología, organización social, etc.
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Una de las más antiguas y populares cosmografías del siglo XVI fue la del astrónomo y matemático Peter Apianus, editada por primera vez en 1524.
Curioso mapa circular contenido en la Cosmographia de Apiano. Dibujado utilizando una proyección estereográfica –paralelos rectos y meridianos curvos- centrada en el Polo Norte, incorpora elementos móviles de medida. Muestra sólo los contornos de los continentes conocidos, Europa, Asia, África y América. La obra del matemático y astrónomo alemán, Peter Apiano, fue una de las primeras y más populares cosmografías, llegándose a considerar un texto imprescindible en la formación de los geógrafos y astrónomos de la época. Fue traducido a cinco idiomas y conoció hasta quince reediciones a lo largo del siglo XVI.
Mapamundi incluido en la Cosmografía de Peter Apianus y Gemma frisius. 1520. Durante mucho tiempo, hasta que en 1901 se encontró el mapa de Waldseemuller trazado en 1507, se pensó que el mapamundi de Apianus había sido el primero en dar el nombre de América a cualquier porción del nuevo mundo descubierto.
Peter Apianus, también conocido como Apian o Apiano, era el nombre latinizado de Pierre Bienewitz. Había nacido 1495 en Leisnig, Sajonia. y como todos los cosmógrafos de su época fue autor de una producción científica muy variada. Su “Cosmographia sive Descriptio” apareció editada por primera vez en 1524. En ella se proponía demostar la importancia ineludible de la geometría para comprender la geografía. Este principio fue fundamental en la evolución de las nuevas ciencias de la tierra y de la cartografía. Apiano estuvo muy relacionado con los cosmógrafos flamencos cuyas obras florecieron al socaire del emperador Carlos V, buena parte de su obra la publicó en colaboración de otro insigne cosmógrafo, Gemma Frisius, que era a la vez ilustrador, cartógrafo, diseñador de instrumentos matemáticos y fabricante de globos terráqueos y celestes, siendo en esta última faceta un consumado y reconocido maestro.
El propio emperador Carlos V patrocinó la edición de su obra más conocida, el Astronomicum Caesarium (1540). Todavía en la órbita del geocentrismo ptolemaico, está considerado el libro más espectacular del siglo XVI. Se trata de una obra maestra en la historia de la imprenta y en la de la astronomía. Incluía estudios de astronomía, matemáticas y física, instruía sobre la fabricación de instrumentos matemáticos para la observación de los movimientos planetarios y para la navegación y también analizaba problemas derivados del uso del calendario. Es una obra grandiosa desde cualquier perspectiva, la calidad del contenido científico compite con la belleza editorial de sus ilustraciones y grabados.
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Sebastian Münster fue uno de los más importantes y conocidos cartógrafos de mediados del siglo XVI. Su obra se recoge en dos trabajos sobresalientes: una edición de la Geografía de Ptolomeo editada en 1540 conteniendo cuarenta y ocho grabados a doble página, y su Cosmographia, que se publicó completa por primera vez en Basilea, en 1544. La suya es la más conocida y popular de las Cosmografías renacentistas. Es una obra de carácter universal y enciclopédico que abarca todos los planos del conocimiento centrado en la naturaleza.
Münster copió e incorporó a su mapamundi el perfil de América del Norte que dibujó Waldseemüller en uno de los pequeños hemisferios del margen superior del mapa de 1507.
Detalle de la esquina inferior izquierda del mapamundi de Münster. Caníbales.
Contiene más de quinientos grabados y entre ellos veinticuatro mapas a doble página. Las planchas de esta obra están grabadas siguiendo la técnica de vaciado en madera y posterior estampado en relieve, lo que confiere un aspecto simple y algo tosco a las láminas. Sin embargo la información es profusa y como además era frecuente colorear a mano los ejemplares más lujosos, el resultado final de algunas de las reproducciones conservadas es muy atractivo.
Impresión realizada en 1546 sobre la tabla grabada en 1544 del mapa de América adjunto a la cosmografía de Sebastian Münster. En este mapa América se dibujó como un continente estrecho con dos subcontinentes unidos por un istmo y muy cercano a la costa asiática. Con anterioridad sólo se consideraba como continente la actual Suramérica, suponiéndose que las zonas conocidas del subcontinente septentrional eran solamente islas. El océano Pacífico se representa como un mar de tamaño muy reducido. Pasaron muchos años antes de que la exploración del Pacífico obligara a los más reconocidos cartógrafos a aceptar que América era un gran continente, el Pacífico un océano inmenso y la tierra mucho más grande de lo que habían calculado e imaginado.
Las dos obras de Sebastian Münster y sus sucesivas reediciones, tuvieron una amplia difusión editándose tanto los volúmenes completos como los mapas y otras láminas en hojas sueltas.
Mapa de África adjunto a la misma cosmografía de Sebastian Munster
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Una obra espectacular que encaja en este capítulo aportando características propias con especial incidencia en los aspectos étnicos y culturales de las poblaciones autóctonas amrericas, fue la de Théodore de Bry (1528-1598), grabador, impresor y editor de libros, muy reconocido por sus magníficas crónicas sobre la colonización de América.
Grabado de Theodore de Bry en 1590 basado en un dibujo de John White en el que se ilustra la colonización de Virginia.
Su proyecto americano se inició con la reedición en 1590 de la obra en la que Thomas Hariot narró el primer asentamiento inglés en Virginia. La edición de De Bry, profusamente ilustrada, alcanzó tal éxito que al año siguiente editó otro volumen referido al primer intento de colonización de Florida por parte de los franceses. También editó volúmenes dedicados a las exploraciones en Brasil y a la búsqueda de El dorado. Théodore de Bry y más adelante sus hijos, continuaron sus series de publicaciones hasta 1639, con relatos ilustrados tanto de la colonización americana como de viajes asiáticos.
América según de Bry en 1596
Los grabados de de Bry están generalmente realizados sobre planchas de cobre tomando como base dibujos y acuarelas realizados in situ y de primera mano por los cosmógrafos que acompañaban a las expediciones. Son grabados muy cuidados que aportan abundante información sobre la historia de las conquistas y asentamientos europeos en América. Su obra aportando tanto mapas locales o generales de indudable interés, como una vasta obra gráfica representando la forma de vida y culturas de los nativos americanos y su relación con los conquistadores europeos.
Americae pars, Nunc Virginia dicta...
Mapa grabado por Theodore de Bry en 1590, basado en una acuarela original de John White.
Imágenes de los nativos de Virginia en las fiestas del sol. Grabado por Theodore de Bry en 1590
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(Continuará...)
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